DIOS PREPARA A MOISÉS PARA UNA VOCACIÓN ESPECIAL
¿Cuál es la característica del primer periodo de la vida de Moisés?
1. Moisés es objeto de una especial providencia de Dios que lo salva: este es el significado de la historia de Moisés niño.
2. Moisés es sometido a una educación refinada. La sabiduría de los egipcios en el mundo de entonces era la gran sabiduría, la sabiduría proverbial, la más antigua, tanto que los griegos iban a las escuelas de los egipcios para comprender sus secretos. Moisés fue introducido en toda esta riqueza de la cultura humana.
También nosotros podemos decir algo semejante. Cada uno de nosotros podríamos decir que en nuestra vida ha habido una especial providencia de Dios. Por eso hemos llegado hasta este punto.
¿Dónde estaríamos nosotros si el Señor no nos hubiese tenido en su mano? ¿A dónde habríamos llegado? Además, cada uno de nosotros es deudor de una tradición de educación, de dignidad, de cultura.
Nosotros somos como Moisés. Moisés según Hechos 7, 22 “era poderoso en palabras y obras”. Moisés sabía hablar bien, sabía obrar bien y era plenamente consciente de estas posibilidades suyas.
¿Cómo interpretar todo esto para nuestra vida? Para cada uno hay un tiempo de formación y de preparación, cada uno aprende a hacer algo.
Todos hemos pasado por ese tiempo en el que se cree haber aprendido muchas cosas. Éste es el tiempo de la primera educación de Moisés, en el que él cree tener cosas que decir y cosas que hacer, y de saber hacerlas.
Este es el punto que caracteriza este primer estadio de la vida de Moisés se ven las cosas a través de la ideología. No hay verdadera relación con la realidad tal como es. ¿Entonces qué sucede? Entramos en contacto no con la realidad tal como es, sino con las imágenes que nosotros nos hemos hecho de ella.
Esto es lo que caracteriza el primer momento de la vida de Moisés. Moisés está demasiado instruido: conoce toda la sabiduría de los egipcios y juzga todo según esta sabiduría.
¿FARAÓN O MOISÉS?
¿Quién es el faraón? ¿Quién es Moisés? El faraón representa una vida cómoda, una vida que tiene en cuenta los compromisos necesarios para garantizar una cierta tranquilidad. Una vida en la que puedo mantener mi profesión de fe, mi confesión cristiana, exteriormente, pero me arreglo de modo que este tipo de vida no sea demasiado comprometido. En resumen, el faraón representa el acomodamiento a una tranquilidad mundana, que es un equilibrio conseguido a través de una inteligente dosificación entre el seguimiento al Señor y una cierta seguridad a la que no renuncio. Este faraón representa la tentación de cada hombre en este mundo.
¿Quién es Moisés? Moisés es la inseguridad en el seguimiento de Jesús: aquella inseguridad sobre la que el Señor parece insistir casi hiriendo y provocando a las personas. Un escriba se le acercó y le dijo: “Maestro, te seguiré donde quieras que vayas.” Jesús le respondió: “Las zorras tienen sus guaridas, los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reposar su cabeza.” Y otro discípulo le dijo: “Señor, permíteme antes ir a enterrar a mi padre.” Pero Jesús le dijo: “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt. 8, 19ss.). Jesús se hace provocador.
Moisés representa esa inseguridad en el seguimiento de Jesús que afecta a los que aceptan el reto de una vida evangélica, dado que esta es una bofetada para el mundo y una bofetada para todas nuestras tentativas de salvarnos construyéndonos rinconcitos de tranquilidad.
El faraón representa la vida según el espíritu del mundo. Esa vida se encuentra en todas partes. El espíritu del mundo nos empuja a quitar nuestra esperanza en la Palabra de Dios y ponerla en las obras que pretendemos realizar a toda costa.
En cambio Moisés representa la vida según el Evangelio: una vida fundada solamente en la Palabra de Dios.
MOISÉS PROFETA
André Neher, en La esencia del profetismo, a propósito de Moisés dice así: “Una experiencia nueva caracteriza a Moisés como profeta, experiencia que Abraham no había conocido. Es una experiencia que introduce en el profetismo bíblico un dato capital: Moisés es el primero que prueba el sufrimiento de la vocación profética. Abraham acepta todos los ofrecimientos divinos con el corazón ecuánime: sale del país de los caldeos, hace los viajes que el Señor le manda hacer, afronta las dificultades; incluso cuando se describe el sacrificio del hijo no hay una sola palabra sobre sus sentimientos, como si lo viviese todo con una fe absoluta. Él es el profeta de la certeza. Moisés en cambio es el profeta de la duda, del rechazo, de las revueltas…” Abraham es un profeta protegido, Moisés es un profeta entregado.
Abraham es el profeta solitario. La misión de Moisés, en cambio, lo introduce en el ambiente de una comunidad humana. Necesariamente se crea el conflicto, la lucha concreta, el diálogo con los hombres. Mientras uno trata con Dios, el descalabro está sólo en él; pero si tiene que ser profeta para los otros, entonces todo su profetizar está sometido a la aceptación o al rechazo, a la pereza o a la resistencia de los otros. Moisés está en el centro de este drama.
Jesús también puede ser aceptado o rechazado. La obra de Jesús es la semilla que cae en la tierra y que es pisada o comida o ahogada, o bien produce fruto. Moisés sufre porque quiere vivir con la gente; si se contentase con el diálogo con Dios, podría estar tranquilo, pero su implicación con el pueblo lo tritura. Igualmente, la implicación de Jesús con la gente hará que en un cierto momento sea aplastado.
Moisés a menudo tuvo miedo, en particular cuando ve que no puede ejercer su misión. Comprende que las cosas que se le piden son superiores a sus fuerzas físicas y se siente atemorizado ante lo que le espera y dice lo que lleva en su corazón: No soy capaz. Entonces la cólera del Señor se enciende contra él.
Llegar a ser profeta, llegar a ser siervo del Evangelio no quiere decir ir alegremente delante con el ánimo lleno de entusiasmo: quiere decir sufrir toda la angustia de las situaciones en las que no se ve aparentemente una salida. Es así como el Señor nos llama a tener fe en su palabra.
VIVIR CON LA BIBLIA (Cardenal Carlo María Martini)
Encuentro
Leemos Ex 3, 1-12…
Reflexionamos
y dialogamos…
VIVIR CON LA BIBLIA (Cardenal Carlo María Martini)
Encuentro
Leemos Ex 3, 1-12…
Moisés, que apacentaba las ovejas
de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá
del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el
Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al
ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: «Voy a observar este
grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?». Cuando el
Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza,
diciendo: «¡Moisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió el. Entonces Dios le
dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que
estás pisando es una tierra santa». Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de
tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se
cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.
El Señor dijo: «Yo he visto la
opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor,
provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he
bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel
país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al
país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y
los jebuseos. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo
son oprimidos por los egipcios. Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques
de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».
Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién
soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los
israelitas?». «Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy
yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán
culto a Dios en esta montaña».
Otros textos bíblicos. Pascua (Esclavitud y
Liberación): Ex 1-12. Éxodo: el Pueblo (Ex 15, 22-16, 35; 19, 1-20, 17; 32-34)
y la Ley (Ley de Santidad; Lv 17-26; Sal 119).
Reflexionamos
y dialogamos…
Hoy, ¿qué
nos hace sufrir como personas y como sociedad? ¿Qué nos hace sentir mal?
¿De qué o de
quién nos sentimos esclavos?
Para hacer
nuestro propio Éxodo, desde la esclavitud a la liberación, ¿qué necesitamos?
¿Cómo recorrer el camino? ¿Quiénes caminan junto a nosotros?
Con los padres…
… elaborar un Salmo de Liberación
con 10 versículos del Salmo 119.

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