lunes, 29 de agosto de 2016

LA HISTORIA DE MOISÉS, EL CAMINO DE LA LIBERACIÓN

DIOS PREPARA A MOISÉS PARA UNA VOCACIÓN ESPECIAL
¿Cuál es la característica del primer periodo de la vida de Moisés?
1. Moisés es objeto de una especial providencia de Dios que lo salva: este es el significado de la historia de Moisés niño.
2. Moisés es sometido a una educación refinada. La sabiduría de los egipcios en el mundo de entonces era la gran sabiduría, la sabiduría proverbial, la más antigua, tanto que los griegos iban a las escuelas de los egipcios para comprender sus secretos. Moisés fue introducido en toda esta riqueza de la cultura humana.
También nosotros podemos decir algo semejante. Cada uno de nosotros podríamos decir que en nuestra vida ha habido una especial providencia de Dios. Por eso hemos llegado hasta este punto.
¿Dónde estaríamos nosotros si el Señor no nos hubiese tenido en su mano? ¿A dónde habríamos llegado? Además, cada uno de nosotros es deudor de una tradición de educación, de dignidad, de cultura.
Nosotros somos como Moisés. Moisés según Hechos 7, 22 “era poderoso en palabras y obras”. Moisés sabía hablar bien, sabía obrar bien y era plenamente consciente de estas posibilidades suyas.
¿Cómo interpretar todo esto para nuestra vida? Para cada uno hay un tiempo de formación y de preparación, cada uno aprende a hacer algo.
Todos hemos pasado por ese tiempo en el que se cree haber aprendido muchas cosas. Éste es el tiempo de la primera educación de Moisés, en el que él cree tener cosas que decir y cosas que hacer, y de saber hacerlas.
Este es el punto que caracteriza este primer estadio de la vida de Moisés se ven las cosas a través de la ideología. No hay verdadera relación con la realidad tal como es. ¿Entonces qué sucede? Entramos en contacto no con la realidad tal como es, sino con las imágenes que nosotros nos hemos hecho de ella.
Esto es lo que caracteriza el primer momento de la vida de Moisés. Moisés está demasiado instruido: conoce toda la sabiduría de los egipcios y juzga todo según esta sabiduría.
¿FARAÓN O MOISÉS?
¿Quién es el faraón? ¿Quién es Moisés? El faraón representa una vida cómoda, una vida que tiene en cuenta los compromisos necesarios para garantizar una cierta tranquilidad. Una vida en la que puedo mantener mi profesión de fe, mi confesión cristiana, exteriormente, pero me arreglo de modo que este tipo de vida no sea demasiado comprometido. En resumen, el faraón representa el acomodamiento a una tranquilidad mundana, que es un equilibrio conseguido a través de una inteligente dosificación entre el seguimiento al Señor y una cierta seguridad a la que no renuncio. Este faraón representa la tentación de cada hombre en este mundo.
¿Quién es Moisés? Moisés es la inseguridad en el seguimiento de Jesús: aquella inseguridad sobre la que el Señor parece insistir casi hiriendo y provocando a las personas. Un escriba se le acercó y le dijo: “Maestro, te seguiré donde quieras que vayas.” Jesús le respondió: “Las zorras tienen sus guaridas, los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reposar su cabeza.” Y otro discípulo le dijo: “Señor, permíteme antes ir a enterrar a mi padre.” Pero Jesús le dijo: “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt. 8, 19ss.). Jesús se hace provocador.
Moisés representa esa inseguridad en el seguimiento de Jesús que afecta a los que aceptan el reto de una vida evangélica, dado que esta es una bofetada para el mundo y una bofetada para todas nuestras tentativas de salvarnos construyéndonos rinconcitos de tranquilidad.
El faraón representa la vida según el espíritu del mundo. Esa vida se encuentra en todas partes. El espíritu del mundo nos empuja a quitar nuestra esperanza en la Palabra de Dios y ponerla en las obras que pretendemos realizar a toda costa.
En cambio Moisés representa la vida según el Evangelio: una vida fundada solamente en la Palabra de Dios.
MOISÉS PROFETA
André Neher, en La esencia del profetismo, a propósito de Moisés dice así: “Una experiencia nueva caracteriza a Moisés como profeta, experiencia que Abraham no había conocido. Es una experiencia que introduce en el profetismo bíblico un dato capital: Moisés es el primero que prueba el sufrimiento de la vocación profética. Abraham acepta todos los ofrecimientos divinos con el corazón ecuánime: sale del país de los caldeos, hace los viajes que el Señor le manda hacer, afronta las dificultades; incluso cuando se describe el sacrificio del hijo no hay una sola palabra sobre sus sentimientos, como si lo viviese todo con una fe absoluta. Él es el profeta de la certeza. Moisés en cambio es el profeta de la duda, del rechazo, de las revueltas…” Abraham es un profeta protegido, Moisés es un profeta entregado.
Abraham es el profeta solitario. La misión de Moisés, en cambio, lo introduce en el ambiente de una comunidad humana. Necesariamente se crea el conflicto, la lucha concreta, el diálogo con los hombres. Mientras uno trata con Dios, el descalabro está sólo en él; pero si tiene que ser profeta para los otros, entonces todo su profetizar está sometido a la aceptación o al rechazo, a la pereza o a la resistencia de los otros. Moisés está en el centro de este drama.
Jesús también puede ser aceptado o rechazado. La obra de Jesús es la semilla que cae en la tierra y que es pisada o comida o ahogada, o bien produce fruto. Moisés sufre porque quiere vivir con la gente; si se contentase con el diálogo con Dios, podría estar tranquilo, pero su implicación con el pueblo lo tritura. Igualmente, la implicación de Jesús con la gente hará que en un cierto momento sea aplastado.
Moisés a menudo tuvo miedo, en particular cuando ve que no puede ejercer su misión. Comprende que las cosas que se le piden son superiores a sus fuerzas físicas y se siente atemorizado ante lo que le espera y dice lo que lleva en su corazón: No soy capaz. Entonces la cólera del Señor se enciende contra él.
Llegar a ser profeta, llegar a ser siervo del Evangelio no quiere decir ir alegremente delante con el ánimo lleno de entusiasmo: quiere decir sufrir toda la angustia de las situaciones en las que no se ve aparentemente una salida. Es así como el Señor nos llama a tener fe en su palabra.

VIVIR CON LA BIBLIA (Cardenal Carlo María Martini)



Encuentro


Leemos Ex 3, 1-12…

Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?». Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió el. Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa». Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.
El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».
Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?». «Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña».
Otros textos bíblicos. Pascua (Esclavitud y Liberación): Ex 1-12. Éxodo: el Pueblo (Ex 15, 22-16, 35; 19, 1-20, 17; 32-34) y la Ley  (Ley de Santidad; Lv 17-26; Sal 119).

 

Reflexionamos y dialogamos…

Hoy, ¿qué nos hace sufrir como personas y como sociedad? ¿Qué nos hace sentir mal?
¿De qué o de quién nos sentimos esclavos?
Para hacer nuestro propio Éxodo, desde la esclavitud a la liberación, ¿qué necesitamos? ¿Cómo recorrer el camino? ¿Quiénes caminan junto a nosotros?

 

Con los padres…

… elaborar un Salmo de Liberación con 10 versículos del Salmo 119.

 

Nos comprometemos a…

miércoles, 17 de agosto de 2016

ALIANZA CON DIOS Y OBEDIENCIA

ABRAHAM, NUESTRO PADRE EN LA FE

¿Quién es Abraham? ¿Existió o no existió?
Lo que ahora nos interesa no es la figura histórica de Abraham, sino lo que se conoce por la tradición bíblica: su figura, lo que Dios hizo con él, lo que nos ha sido transmitido a través de él, es decir, lo que Abraham representa para nosotros.
Abraham representa al Pueblo que busca a Dios, al hombre que busca a Dios, a todos los que buscan a Dios.
El es nuestro padre en la fe. Esto quiere decir que Abraham nos enseña, nos da la tradición, nos indica cómo debemos comportarnos. Por lo tanto los sucesos, los miedos, la soledad, la gracia de Abraham representa lo mismo que sentimos cada uno de nosotros ante Dios. Es el modelo a seguir por el hombre en la aceptación, disponibilidad y apertura a la fe y a la esperanza.
Abraham nos enseña a estar dispuestos ante a la palabra de Dios. Un ponerse ante Dios difícil, progresivo, atormentado. Aceptando y creyendo ante toda esperanza. Confiándonos a Dios total y libremente.
Nosotros podemos meditar la vida de Abraham como una peregrinación en la fe. Una peregrinación que va desde un determinado punto de partida, hasta un determinado punto de llegada y a través de diferentes etapas.
Cada uno de nosotros también hemos tenido un punto de partida en nuestra vida religiosa. Contemplando el punto de partida de Abraham podremos reflexionar sobre el punto de partida de nuestra propia religiosidad, de nuestro camino hacia Dios.
Se pueden vivir muchos años en una experiencia religiosa que no se hace profunda; pero Dios siempre llama. Por eso es importante que nos preguntemos cuáles fueron nuestros inicios, que precisemos ese tiempo, esos años, ese período, las luces, las sombras, las dificultades, la ausencia de Dios y luego la recuperación espiritual.
Deberíamos recordar brevemente todo este período y ponerlo ante Dios.


ENCUENTRO
Objetivo: Intentar comprender a Abraham a partir de nuestra propia situación religiosa. ¿Qué me dice Abraham a mí hoy?

1) Partir de la vida.
En silencio hacer un repaso de nuestra vida para poder identificar aquellos momentos en los que hemos sentido la presencia de Dios. Realizar una línea de tiempo con dichos momentos.

2) Leemos Gn. 12, 1-9
El Señor dijo a Abram: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.
Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra».
Abram partió, como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él.
Cuando salió de Jarán, Abram tenía setenta y cinco años. Tomó a su esposa Sarai, a su sobrino Lot, con todos los bienes que habían adquirido y todas las personas que habían reunido en Jarán, y se encaminaron hacia la tierra de Canaán.
Al llegar a Canaán, Abram recorrió el país hasta el lugar santo de Siquém, hasta la encina de Moré. En ese tiempo, los cananeos ocupaban el país. Entonces el Señor se apareció a Abram y le dijo: «Yo daré esta tierra a tu descendencia». Allí Abram erigió un altar al Señor, que se le había aparecido. Después se trasladó hasta la región montañosa que está al este de Betel, que quedaba al oeste, y Ai, al este. También allí erigió un altar al Señor e invocó su Nombre. Luego siguió avanzando por etapas hasta el Négueb.

Para reflexionar
¿Qué recibe Abraham de parte de Dios? ¿Qué edad tenía? ¿Qué hace Abraham luego de hablar con Dios?
Nosotros, ¿hemos tenido esta llamada de Dios? ¿Cuándo? ¿Cómo sucedió?
Pensando en términos de vocación, de misión en el mundo, ¿cuál pienso que es el proyecto de Dios para mi vida?
¿Cómo estoy hoy respondiendo a su llamado?
¿Qué necesito para llevar a cabo su proyecto?
Otros textos: Rm. 4, 18-25 ; Hb. 11

3) Rezamos
DAME TUS OJOS
Dame tus ojos quiero ver,
dame tus palabras quiero hablar,
dame tu parecer...
Dame tus pies yo quiero ir,
dame tus deseos para sentir,
dame tu parecer...
Dame lo que necesito para ser como tú.
Dame tu voz, dame tu aliento,
toma mi tiempo es para ti.
Dame el camino que debo seguir.
Dame tus sueños, tus anhelos,
tus pensamientos, tu sentir,
dame tu vida para vivir.
Déjame ver lo que tu vez,
dame de tu gracia, tu poder,
dame tu corazón...
Déjame ver en tu interior,
para ser cambiado por tu amor,
dame tu corazón…


NOS COMPROMETEMOS A

sábado, 13 de agosto de 2016

PECADO Y PROMESA DE SALVACIÓN

EL PECADO DE ADÁN
El hombre, como salido de las manos de Dios, no podía ser malo: “Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno” (Gn 1, 31). Pero ahora vemos cómo el hombre es malo, juguete de sus pasiones, subyugado por los vicios, entregado a la ambición, a la crueldad, a la bajeza y a toda suerte de crímenes. ¿Cómo se produjo este cambio?
El autor bíblico del capítulo 3 del Génesis nos explica que la maldad en el hombre brota desde la profundidad misma de su ser. El hombre, instigado por el demonio, a pesar de la advertencia de Dios, se dañó a sí mismo, y arrastró en su caída a todos sus descendientes.
El relato bíblico nos dice que Dios quiso probar su fidelidad, y ellos sucumbieron a la prueba. Se fiaron más del Tentador que de Dios. Desobedecieron a Dios, no se fiaron de Él. El demonio seduce a nuestros primeros padres con la promesa de que “serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Gn 3, 5). Esto quiere decir que ellos mismos serán los jueces que establecerán lo que es bueno y lo que es malo. Describe la soberbia del hombre que quiere usurpar el puesto de Dios. En vez de ser un subordinado que recibe el precepto, él mismo quiere regular sus propias acciones. Es la rebeldía y la ingratitud contra Dios. Es la autosuficiencia de la criatura que se alza contra el creador.

PROMESA DE SALVACIÓN
La creación ha quedado profanada por el pecado del hombre. Llamado a ser colaborador de Dios, el hombre quiso alzarse contra Dios y ocupar el puesto Dios. Pero por encima de la mezquindad del hombre, ingrato y soberbio, se levanta la grandeza y bondad de Dios.
Dios, a raíz del pecado, establece como un tribunal y reparte la culpabilidad y los castigos. Los tres culpables son castigados en conformidad con su propia responsabilidad, y la naturaleza del castigo se amolda a la condición de cada uno.
El autor explica, desde un punto de vista teológico, por qué existe el dolor en el mundo, por qué hay dificultades y tropiezos y, sobre todo, por qué se hace presente la muerte en medio de nuestra vida.
En este relato encontramos un oráculo en el que Dios hace una promesa de Redención, la primera en toda la Biblia. Hablando con la serpiente, dice Dios así:
“Pondré enemistad entre ti y la mujer,
entre tu linaje y el suyo.
Él te aplastará la cabeza
y tú le acecharás el talón” (Gn 3, 15)
Dios condena al Tentador. Pero, al mismo tiempo, abre una perspectiva luminosa sobre los vencidos de ahora: ellos serán los vencedores de mañana. La victoria definitiva no será del enemigo, sino que de las palabras de Dios emerge la figura grandiosa del Vengador: un hombre del mismo linaje de Adán, hijo de la mujer, que aplastará a la serpiente.
Ya desde el Paraíso se anuncia a Jesucristo. Jesús devuelve al hombre caído su dignidad original. El es el salvador y redentor.
El Salvador será alguien del mismo linaje del hombre. El texto nos habla de dos linajes: el del demonio y el del hombre. Con más exactitud se sitúa esta promesa desde la perspectiva de la mujer. La lucha es entre la serpiente y la mujer, y entre sus respectivos linajes. Identificamos al salvador del mundo con Cristo y María con la mujer.

ADÁN Y CRISTO
San Agustín decía: “En el Antiguo Testamento está escondido el Nuevo y en el Nuevo está patente y descubierto el Antiguo”.
Muchos reclaman por qué el pecado de uno ha podido tener tal repercusión sobre todos los hombres. No advierten que Dios, para equilibrar las cosas, ha hecho que la reparación de toda la humanidad viniera por medio de un solo hombre.
Esto nos dice San Pablo en el capítulo 5 de su Carta a los Romanos: “Por lo tanto, por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.
Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas. En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo…” (Rm 5, 12-17)
Los hombres en Adán son condenados. Deben insertarse en Cristo, el nuevo Adán, para participar de la rehabilitación que en Él se ofrece.
Prosigue San Pablo: “Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos” (Rm 5, 19)
El contraste se establece entre el pecado de origen que viene sobre todos y la gracia o perdón ofrecido a todos en Jesucristo.
En la primera Carta a los Corintios, San Pablo vuelve a contraponer estas dos figuras: Cristo y Adán. Los elementos esta vez son en torno a la muerte y resurrección:
“Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo” (1Co 15, 21-22)
(La Biblia hoy - Ernesto Bravo)

ENCUENTRO
Material Parroquia Resurrección del Señor

LEEMOS
GN 3, 1-13

Reflexionamos y dialogamos…En relación al pecado de Adán y Eva…
¿Por qué desobedecemos?
¿Cuáles son los miedos que nos provoca la desobediencia?
¿A quién o a qué acusamos de nuestros errores?

REZAMOS
SAL 51, 3-19

¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.

Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;
yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.

Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

Anúnciame el gozo y la alegría:
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

NOS COMPROMETEMOS A…

EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN (Laudato si’)


Seguimos analizando la Encíclica.

GRUPO 1

Algunos rechazan con fuerza la idea de un Creador, relegando la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para un desarrollo pleno de la humanidad.
Los creyentes deberíamos reconocer mejor los compromisos ecológicos que brotan de nuestras convicciones.


LA SABIDURÍA DE LOS RELATOS BÍBLICOS

En el libro del Génesis, el plan de Dios incluye la creación de la humanidad. Luego de la creación del ser humano “Dios vio todo lo que había hecho y era muy bueno” (Gn. 1,26).
Esto nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.
Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Estas tres relaciones vitales se han roto. Esta ruptura es el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios.
Hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, las diversas formas de violencia y maltrato, el abandono de los más frágiles, los ataques a la naturaleza. No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada.
Del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, no debemos deducir un dominio absoluto sobre las demás criaturas. Los textos bíblicos nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (Gn. 2,15). “Labrar” significa cultivar, arar o trabajar; “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza. “La tierra es del Señor” (Sal. 24, 1), a él pertenece “la tierra y cuanto hay en ella” (Dt. 10,14).
Esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios ente los seres de este mundo (Ex. 23,12). La Biblia no da lugar a un antropocentrismo despótico que se desentienda de las demás criaturas. Estamos llamados a reconocer que los demás seres vivos tienen un valor propio ante Dios, a respetar lo creado con sus leyes internas.
Cuando estas relaciones son descuidadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida está en peligro. Esto nos enseña la narración sobre Noé (Gn. 6,13). En estos relatos tan antiguos está contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás.
La tradición bíblica establece claramente que una rehabilitación implica el redescubrimiento y el respeto de los ritmos inscriptos en la naturaleza por la mano del Creador. Toda sana espiritualidad implica acoger el amor divino y adorar con confianza al Señor por su infinito poder. En la Biblia, el Dios que libera y salva es el mismo que creó el universo.


GRUPO 2

Algunos rechazan con fuerza la idea de un Creador, relegando la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para un desarrollo pleno de la humanidad.
Los creyentes deberíamos reconocer mejor los compromisos ecológicos que brotan de nuestras convicciones.


EL MISTERIO DEL UNIVERSO

En la tradición judío-cristiana, decir “creación” es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.
“Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos” (Sal. 33,6). El mundo procede de una decisión, no del caos o la casualidad. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado. Si reconocemos el valor y la fragilidad de la naturaleza, y al mismo tiempo las capacidades que el Creador nos otorgó, esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso material sin límites.
La acción de la Iglesia no sólo intenta recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que al mismo tiempo “debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo”.
Cada uno de nosotros tiene en sí una identidad personal, capaz de entrar en diálogo con los demás y con el mismo Dios. A partir de los relatos bíblicos, consideramos al ser humano como sujeto que nunca puede ser reducido a la categoría de objeto. Sería equivocado pensar que los demás seres vivos deban ser consideramos como meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana. Esto tiene serias consecuencias en la sociedad.
La visión que consolida la arbitrariedad del más fuerte propicia inmensas desigualdades, injusticias y violencia. Jesús expresaba lo siguiente con respecto a los poderes de su época: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes.” (Mt. 20,25-26).
El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios.


GRUPO 3

Algunos rechazan con fuerza la idea de un Creador, relegando la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para un desarrollo pleno de la humanidad.
Los creyentes deberíamos reconocer mejor los compromisos ecológicos que brotan de nuestras convicciones.


EL MENSAJE DE CADA CRIATURA EN LA ARMONÍA DE TODO LO CREADO

El ser humano es imagen de Dios, eso no debería llevarnos a olvidar que cada criatura tiene una función y ninguna es superflua. La naturaleza es una continua revelación de lo divino. Esta contemplación de lo creado nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir, porque “para el creyente contemplar lo creado es también escuchar un mensaje, oír una voz paradójica y silenciosa” 
Santo Tomás de Aquino remarcaba que la multiplicidad y la variedad provienen “de la intención del primer agente”, que quiso que “lo que falta a cada cosa para representar a la bondad divina fuera suplido por las otras”. 
Se entiende mejor la importancia y el sentido de cualquier criatura si se la contempla en el conjunto del proyecto de Dios. Las innumerables diversidades y desigualdades significan que ninguna criatura se basta a sí misma, que no existen sino en dependencia unas de otras, para complementarse y servirse mutuamente. 
Toda la naturaleza manifiesta a Dios, es lugar de su presencia. En cada criatura habita su Espíritu. El descubrimiento de esta presencia estimula en nosotros el desarrollo de las “virtudes ecológicas”. 


UNA COMUNIÓN UNIVERSAL

Siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal. Esto no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. 
Debe preocuparnos que otros seres vivos no sean tratados irresponsablemente. Especialmente deberían exasperarnos las enormes inequidades que existen entre nosotros. Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos. 
Todo está conectado. Se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad. Cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad. 
Todo ensañamiento con cualquier criatura “es contrario a la dignidad humana”. “Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo”.


GRUPO 4

Algunos rechazan con fuerza la idea de un Creador, relegando la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para un desarrollo pleno de la humanidad.
Los creyentes deberíamos reconocer mejor los compromisos ecológicos que brotan de nuestras convicciones.

DESTINO COMÚN DE LOS BIENES
Hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común. Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados.
San Juan Pablo II recordó: “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno”. “No sería verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos”.
El rico y el pobre tienen igual dignidad, porque “a los dos los hizo el mismo Señor” (Pr. 22,2). Esto tiene consecuencias prácticas: “Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, además del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización” (Conferencia Episcopal Paraguaya).
El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia de algo es sólo para administrarlo en bien de todos.

LA MIRADA DE JESÚS.
En los diálogos con sus discípulos, Jesús los invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas y les recordaba cómo cada una de ellas es importante a sus ojos. (Lc. 12,6; Mt. 6,26). Invitaba a reconocer en las cosas un mensaje divino (Jn. 4,35; Mt. 13,31-32).
Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mt. 8,27).
Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: “Todo fue creado por él y para él” (Col. 1,16). El prólogo del Evangelio de Juan (1,1-18) muestra la actividad creadora de Cristo como Palabra divina (Logos). Este prólogo sorprende por su afirmación de que esta Palabra “se hizo carne” (Jn. 1,14).


CONCLUSIÓN

  • El mundo cristiano es mundo creado, Dios crea al mundo por AMOR. El universo es una expresión de Dios que revela su presencia. Todas las criaturas son signos que nos hablan de Él. 
  • Todas las criaturas reflejan a Dios, se asemejan a Él; además se hallan unidas entre sí por un mismo origen (Dios). 
  • Todo ha sido creado para el hombre, todo se orienta hacia el hombre. Sin embargo crecimos pensando que somos propietarios y dominadores del mundo sin darnos cuenta que un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios. 
  • Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación; cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades. 
  • Como creyentes tenemos la obligación de reconocer mejor los compromisos ecológicos. 
  • La Biblia nos enseña la inmensa dignidad que tenemos como persona, que somos amados, queridos y necesarios. 
  • No somos Dios. Todo lo que existe nos fue dado y tenemos la responsabilidad de respetar las leyes de la naturaleza y el equilibrio que existe entre los seres de este mundo. 
  • La creación es mucho más que decir naturaleza, es un regalo del Padre. 
  • La visión del dominio del más fuerte sólo genera desigualdades, injusticia y violencia. Entre nosotros, los cristianos, el que quiera ser el más grande debe hacerse servidor. 
  • Cada criatura depende de las otras para complementarse y servirse mutuamente. Y en cada una habita el Espíritu por lo que todos los seres estamos conectados y formamos una familia universal. 
  • Cuando el corazón está abierto a esta comunión universal, nada ni nadie queda excluido de esa fraternidad. 
  • Todo ensañamiento, con cualquier criatura es contrario a la dignidad humana. El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de la humanidad y responsabilidad de todos.

EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN (Laudato si’)

LAUDATO SI'
Resumen de la Encíclica con el que se trabajó en grupos y luego se hizo una puesta en común.

  • En el campo de la política y del pensamiento, algunos rechazan con fuerza la idea de un Creador, relegando la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para un desarrollo pleno de la humanidad.

  • LA LUZ QUE OFRECE LA FE
    • Las convicciones de la fe ofrecen a los cristianos grandes convicciones para el cuidado de la naturaleza y de los hermanos más frágiles.
    • El sólo hecho de ser humanos mueve a las personas a cuidar el ambiente del cual forman parte.
    • Los creyentes deberíamos reconocer mejor los compromisos ecológicos que brotan de nuestras convicciones.


  • LA SABIDURÍA DE LOS RELATOS BÍBLICOS
    • En la primera narración de la obra creadora en el libro del Génesis, el plan de Dios incluye la creación de la humanidad. Luego de la creación del ser humano, se dice que “Dios vio todo lo que había hecho y era muy bueno (Gn. 1,26).
    • Esto nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.
    • Los relatos de la creación en el libro del Génesis contienen, en su lenguaje simbólico y narrativo, profundas enseñanzas sobre a existencia humana y su realidad histórica.
    • Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Estas tres relaciones vitales se han roto.
    • Esta ruptura es el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios.
    • Este hecho desnaturalizó también el mandato de “dominar” la tierra (Gn. 1,28) y de “labrarla y cuidarla” (Gn. 2, 15).
    • Hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, las diversas formas de violencia y maltrato, el abandono de los más frágiles, los ataques a la naturaleza.
    • No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada. Se ha dicho que, desde el relato del Génesis que invita a “dominar”  la tierra (Gn. 1,28), se favorecería la explotación salvaje de la naturaleza presentando una imagen del ser humano como dominante y destructivo.
    • Debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas.
    • Los textos bíblicos nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (Gn. 2,15). “Labrar” significa cultivar, arar o trabajar; “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza. “La tierra es del Señor” (Sal. 24, 1), a él pertenece “la tierra y cuanto hay en ella” (Dt. 10,14)
    • Esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios ente los seres de este mundo. La legislación bíblica le propone al ser humano varias normas, en relación con los demás seres humanos y en relación con los demás seres vivos. (Ex. 23,12)
    • La Biblia no da lugar a un antropocentrismo despótico que se desentienda de las demás criaturas.
    • A la vez que podemos hacer un uso responsable de las cosas, estamos llamados a reconocer que los demás seres vivos tienen un valor propio ante Dios. Y por su dignidad única, y por estar dotado de inteligencia, el ser humano está llamado a respetar lo creado con sus leyes internas.
    • En la narración sobre Caín y Abel, vemos que los celos condujeron a Caín a cometer la injusticia extrema con su hermano. Esto provocó una ruptura de la relación entre Caín y Dios y entre Caín y la tierra, de la cual fue exiliado. (Gn. 4,9-11)
    • Cuando todas estas relaciones so descuidadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida está en peligro. Esto nos enseña la narración sobre Noé. (Gn. 6,13)
    • En estos relatos tan antiguos, cargados de profundos simbolismos, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás.
    • La tradición bíblica establece claramente que una rehabilitación implica el redescubrimiento y el respeto de los ritmos inscriptos en la naturaleza por la mano del Creador. Esto se demuestra en la ley del Shabbath.
    • Dios ordenó a Israel que cada sétimo día debía celebrarse como un día de descanso (Gn. 2,2-3; Ex. 16,23; 20,10). También se instauró un año sabático para Israel y su tierra, cada siete años (Lv. 25,1-4), durante el cual se daba un completo descanso ala tierra, se cosechaba lo indispensable (Lv. 25, 4-6). Pasados cuarenta y nueve años, se celebraba el Jubileo, año de perdón universal y de “liberación para todos los habitantes” (Lv. 25,10). Esta legislación trató de asegurar el equilibrio y la equidad en las relaciones del ser humano con los demás y con la tierra donde vivía y trabajaba.
    • Los Salmos invitan al ser humano a alabar a Dios (Sal. 136,6; 148,3-5).
    • Toda sana espiritualidad implica acoger el amor divino y adorar con confianza al Señor por su infinito poder. En la Biblia, el Dios que libera y salva es el mismo que creó el universo.

    • EL MISTERIO DEL UNIVERSO
      • En la tradición judío-cristiana, decir “creación” es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.
      • “Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos” (Sal. 33,6). El mundo procedió de una decisión, no del caos o la casualidad. El universo no surgió como resultado de una omnipotencia arbitraria, de una demostración de fuerza o de un deseo de autoafirmación. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado.
      • El pensamiento judío-cristiano desmitificó la naturaleza. Sin dejar de admirarla ya no le atribuyó un carácter divino. De esa manera se destaca todavía más nuestro compromiso ante ella.
      • Si reconocemos el valor y la fragilidad de la naturaleza, y al mismo tiempo las capacidades que el Creador nos otorgó, esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso material sin límites.
      • La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una evolución positiva, pero también puede agregar nuevos males.
      • La acción de la Iglesia no sólo intenta recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que al mismo tiempo “debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo”
      • Dios quiere actuar con nosotros y contar con nuestra cooperación. Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo. Él está presente en lo más íntimo de cada cosa sin condicionar la autonomía de su criatura.
      • Cada uno de nosotros tiene en sí una identidad personal, capaz de entrar en diálogo con los demás y con el mismo Dios.
      • A partir de los relatos bíblicos, consideramos al ser humano como sujeto que nunca puede ser reducido a la categoría de objeto.
      • Sería equivocado pensar que los demás seres vivos deban ser consideramos como meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana. Esto tiene serias consecuencias en la sociedad.
      • La visión que consolida la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencia para la mayoría de la humanidad.
      • Jesús expresaba lo siguiente con respecto a los poderes de su época: “Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Que no sea así entre ustedes, sino que el que quiera ser grande sea el servidor” (Mt. 20,25-26).
      • El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo.

    • EL MENSAJE DE CADA CRIATURA EN LA ARMONÍA DE TODO LO CREADO
      • El ser humano es imagen de Dios, eso no debería llevarnos a olvidar que cada criatura tiene una función y ninguna es superflua.
      • Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros.
      • La naturaleza es un continuo manantial de maravilla y de temor. Ella es, además, una continua revelación de lo divino.
      • Esta contemplación de lo creado nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir, porque “para el creyente contemplar lo creado es también escuchar un mensaje, oir una voz paradójica y silenciosa”
      • Santo Tomás de Aquino remarcaba que la multiplicidad y la variedad provienen “de la intención del primer agente”, que quiso que “lo que falta a cada cosa para representar a la bondad divina fuera suplido por las otras”
      • Entonces, se entiende mejor la importancia y el sentido de cualquier criatura si se la contempla en el conjunto del proyecto de Dios.
      • Las innumerables diversidades y desigualdades significan que ninguna criatura se basta a sí misma, que no existen sino en dependencia unas de otras, para complementarse y servirse mutuamente.
      • Toda la naturaleza, además de manifestar a Dios, es lugar de su presencia. En cada criatura habita su Espíritu. El descubrimiento de esta presencia estimula en nosotros el desarrollo de las “virtudes ecológicas”.

    • UNA COMUNIÓN UNIVERSAL
      • Siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde.
      • Esto no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad.
      • Especialmente deberían exasperarnos las enormes inequidades que existen entre nosotros, porque seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros. Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos.
      • No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos.
      • Todo está conectado. Se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad.
      • Cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad. También es verdad que la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de este mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos.
      • Todo ensañamiento con cualquier criatura “es contrario a la dignidad humana”.
      • “Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo”.

    • DESTINO COMÚN DE LOS BIENES
      • Hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común.
      • Para los creyentes, esto reconvierte en una cuestión de fidelidad al Creador, todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados. El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, al derecho universal a su uso es una “regla de oro” del comportamiento social y el “principio de todo el ordenamiento ético-social”
      • San Juan Pablo II recordó: “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno”. “No sería verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos”.
      • El rico y el pobre tienen igual dignidad, porque “a los dos los hizo el mismo Señor” (Pr. 22,2). Esto tiene consecuencias prácticas: “Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial. Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, además del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, créditos, seguros y comercialización” (Conferencia Episcopal Paraguaya).
      • El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia de algo es sólo para administrarlo en de todos.

    • LA MIRADA DE JESÚS
      • En los diálogos con sus discípulos, Jesús los invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas, y les recordaba cómo cada una de ellas es importante a sus ojos. (Lc. 12,6; Mt. 6,26)
      • El Señor estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y asombro, e invitaba a sus discípulos a reconocer en las cosas un mensaje divino (Jn. 4,35; Mt. 13,31-32).
      • Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mt. 8,27).
      • Estaba lejos de filosofías que despreciaban el cuerpo, la materia y las cosas de este mundo, dualismos que desfiguraron el Evangelio.
      • Jesús trabajaba con sus manos, tomando contacto cotidiano con la materia creada por Dios. La mayor parte de su vida fue consagrada a esa tarea, en una existencia sencilla que no despertaba admiración alguna (Mc. 6,3). Así santificó el trabajo y le otorgó un peculiar valor para nuestra maduración.
      • Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: “Todo fue creado por él y para él” (Col. 1,16).
      • El prólogo del Evangelio de Juan (1,1-18) muestra la actividad creadora de Cristo como Palabra divina (Logos). Este prólogo sorprende por su |afirmación de esta Palabra “se hizo carne” (Jn. 1,14).

LA CREACIÓN, NUESTRA CASA COMÚN

LA CREACIÓN
 
El hombre moderno, cada vez más, trabaja por dominar y dirigir el universo. Convierte al mundo en dios que oculta al verdadero Dios. De ahí que sea urgente restaurar el sentido católico de la creación.
El mundo cristiano es mundo creado, Dios crea al mundo por generosidad. El universo es una expresión de Dios que revela su presencia. Las criaturas son signos que nos hablan de Dios.
Por ser criatura de Dios, el mundo es su imagen; refleja este carácter divino al que llamamos belleza. Todas las criaturas reflejan a Dios, se asemejan a Dios; además se hallan unidas entre sí por un mismo origen (Dios). Todo el universo es un inmenso libro vital e inagotable donde las cosas se nos manifiestan y manifiestan a Dios.
La criatura más humilde ha sido creada para dar gloria a Dios y para alcanzar su propia perfección. En toda su actividad, la naturaleza alaba a Dios, el mundo es una inmensa aspiración a Dios.
El mundo clama por el hombre, todo ha sido creado para el hombre, todo se orienta hacia el hombre. Esto lo vemos afirmado como verdad religiosa en el Génesis, al dividir la obra creadora en tres etapas: elementos, seres vivos, hombre; y al llamar al hombre rey de la creación. Sólo el hombre puede, con plena conciencia, con el conocimiento y el amor, llevar al mundo hacia Dios. Es el animal que domina para servir y rendir homenaje. De este modo es verdaderamente sacerdote de la creación.
Hemos crecido pensando que éramos propietarios y dominadores del mundo. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da su aliento y su agua nos vivifica y restaura.
Dios no sólo le encomendó el mundo al hombre, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación. El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural.
Tenemos la idea de que no existen verdades indiscutibles y nos consideramos con una libertad sin límites. Sin embargo el hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también es naturaleza.
El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismos.
“Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica, degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático; que contaminen las aguas, el suelo y el aire implica un pecado. Porque un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios”.
Los cristianos estamos llamados a “aceptar el mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo”.
La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación; cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades.



“EL MUNDO ES BELLO POR SER REFLEJO DEL CARÁCTER DIVINO”
  
Bibliografía: El sentido cristiano del hombre (Jean Mouroux); Laudato Si (Papa Francisco)



ENCUENTRO
MATERIAL PARROQUIA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR - LA RIOJA
Recursos: Encíclica Laudato Si’; La Pachamama; R. Mercado Luna, La lampalagua; R. Mercado Luna, Rodán era un perro.

LEEMOS GN 1, 1-2, 4
Otros textos bíblicos: Gn 2, 4-25; Sal 8; 104; Si 42, 15-43, 33.

REFLEXIONAMOS Y DIALOGAMOS
¿Qué nos sugieren las siguientes palabras del texto…
  • Dios creó el cielo y la tierra… Dios vio que cada cosa era buena?
  • Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza?
  • Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno?
Pensando en la ecología, ¿qué tiene para enseñarnos la Palabra de Dios leída?
¿Qué podríamos hacer cada uno, con la familia y como comunidad para proteger a la Madre Tierra?

REZAMOS
ORACIÓN CRISTIANA CON LA CREACIÓN
(Francisco, Laudato si’)

Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas,
que salieron de tu mano poderosa.
Son tuyas,
y están llenas de tu presencia y de tu ternura.
Alabado seas.
Hijo de Dios, Jesús,
por ti fueron creadas todas las cosas.
Te formaste en el seno materno de María,
te hiciste parte de esta tierra,
y miraste este mundo con ojos humanos.
Hoy estás vivo en cada criatura
con tu gloria de resucitado.
Alabado seas.
Espíritu Santo, que con tu luz
orientas este mundo hacia el amor del Padre
y acompañas el gemido de la creación,
tú vives también en nuestros corazones
para impulsarnos al bien.
Alabado seas.
Señor Uno y Trino,
comunidad preciosa de amor infinito,
enséñanos a contemplarte
en la belleza del universo,
donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud
por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos
con todo lo que existe.
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.
Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia,
amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.
Alabado seas.
Amén.


NOS COMPROMETEMOS A…